¿Cómo nació este curso?
Una pregunta que a menudo me hacen, después de la primera exclamación de asombro al escuchar el título del curso, es “¿Cómo llegaste a pensar acerca de todas estas diferentes disciplinas a la vez y de sus interconexiones con respecto al tema central del curso?”
Para responder a esta pregunta ahora, voy a compartir contigo cómo llegué a estar interesada y conocedora de los temas que se discuten en este curso, y lo que me llevó a crearlo.

Vamos a comenzar con Borges.

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Jorge Luis Borges y Amelia Barili conversando en 1986.

Tuve el placer de conocer a Jorge Luis Borges en Argentina, en 1980, cuando era la editora de la sección de libros de La Prensa y estaba preparando un número especial para la Feria Internacional del Libro, titulado “El Libro y la Palabra”, con contribuciones de escritores argentinos famosos. Borges me recibió muy amablemente y me contó que La Prensa fue el primer periódico importante que publicó su trabajo, cuando no todavía él no era muy conocido, y que también fue el primero en invitarlo a dar una conferencia pública en su prestigioso círculo. Sonriendo, me confió que él escribió la conferencia, pero un amigo suyo, el escritor Arturo Capdevila, tuvo que leerla al público porque él era demasiado tímido para dar la conferencia.
Volví a menudo a conversar con Borges, y compartir una caminata y una comida sencilla en un restaurante cercano. Nuestro interés común en las filosofías orientales, el idioma inglés antiguo, y las cosmogonías de Islandia y Suecia, fomentó una amistad que duró hasta su muerte en 1986. El New York Times publicó bajo el título “Borges on Life and Death” nuestro último diálogo en el que exploramos ideas metafísicas presentes en su obra. Hablar con Borges era una experiencia increíble, cualquier palabra hacía surgir viajes a otros idiomas y culturas–a través de un verso que Borges recitaba, o de las raíces etimológicas de esa palabra, y sus antiguos orígenes–o motivaba su crítica sagaz de la historia argentina y de las costumbres y modos de ser humanos. Yo admiro la profundidad de las preguntas que Borges se hacía, su humor y su valentía intelectual, y he dedicado una buena parte de mi vida a estudiar su obra.

He enseñado muchos cursos sobre Borges en la UC Berkeley y otras instituciones, y he presentado nuevas perspectivas sobre algunos aspectos de su obra que han eludido la atención de sus críticos. Entre esas nuevas perspectivas están, por ejemplo, su interés por el chamanismo, y por las filosofías orientales; su fascinación por el concepto de “inteligencia americana” y la posibilidad de subvertir influencias canónicas a través de escribir desde y sobre los márgenes de las culturas hegemónicas; y la continuidad que existe entre su trabajo y el de los escritores latinoamericanos de la nueva narrativa de los años sesenta, de la que fue un precursor–como varios de ellos (Rulfo, García Márquez, Cortázar y Fuentes entre otros) han declarado públicamente. Otra continuidad no estudiada con anterioridad–tal vez debido a que tendemos a separar en silos a escritores de diferentes orígenes culturales–es la que existe entre la obra de Borges y la de la escritora y teórica chicana, Gloria Anzaldúa, que comparte con él su interés en articular la identidad desde el margen, y en la superación de fronteras rígidamente demarcadas, dando voz a los márgenes para que se vuelvan centros de significación. Gloria Anzaldúa ha dicho que cuando quiere ilustrar su concepto de borderlands para sus alumnos, a menudo utiliza un visual de “El aleph” para referirse a los múltiples fragmentos de memorias o influencias de variada índole que contribuyen a formar nuestro mundo interior. Ese aleph, ese punto en que convergen todos los puntos, como en el cuento de Borges, representa el momento en el que cobran sentido nuestras percepciones, experiencias y lecturas, cuando las reconocemos en su multiplicidad y fragmentación.

Entre mis escritos sobre Borges están:

mi libro “Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes: La cuestión de la identidad del escritor latinoamericano”, con prólogo de Elena Poniatowska;Borges-Reyes-Book

y mis artículos: “Marginalidad y chamanismo en Jorge Luis Borges y José María Arguedas”;
“Shamanic Dreams and Experiences in Borges y Arguedas”;
“De brújulas y nepantlas: Identidad y fronteras en Borges y Anzaldúa”:
“Borges, Reyes y las encrucijadas del latinoamericanismo”, y
“Lo único que existe es el olvido”, sobre el interés de Borges en sagas islandesas, varias de las cuales él tradujo.

Mi entrevista “Borges, un tejedor de sueños”, que se publicó La Prensa, fue incluida en el volumen de “Obras Completas de Jorge Luis Borges”, publicado por Emecé Editores en el 2003.
Ahora estoy preparando un libro sobre Borges, el budismo y la ciencia cognitiva.

Mi interés por el budismo es anterior a mi amistad con Borges.
He estudiado el budismo por mi cuenta y con profesores, durante mi juventud en Argentina, y también en la India, Inglaterra y aquí en los EE.UU. Enseño prácticas contemplativas y la meditación en el monasterio budista de Berkeley y otros centros para el desarrollo humano, desde hace casi veinte años.
En la universidad y en el monasterio budista, siempre he estado interesada en asistir a mis estudiantes a que aprendan de la experiencia directa y cultiven formas de conocer intuitivas a las que se puede acceder a través de técnicas contemplativas. Por ejemplo, he podido poner en práctica en mis clases de escritura, algunas prácticas contemplativas, fáciles de aprender, presentándolas como vías de acceso a la transición de las discusiones intelectuales a la escritura creativa, y como formas de enfocar la mente y calmar el espíritu antes de las presentaciones. Los estudiantes a menudo comentan que la paz alcanzada durante esas breves meditaciones se queda con ellos por el resto del día, mejorando su participación en otros cursos también.

Debido a que he experimentado directamente los sorprendentes resultados de la meditación como espacio donde surge un entendimiento profundo y creativo, quería dar a mis estudiantes las herramientas que necesitarían para experimentar ese espacio con más regularidad, pero antes de proponer el presente curso, tuve que enfrentar mis propios temores acerca de lo que sería introducir en un ambiente académico, un curso con una metodología contemplativa y un componente de aprendizaje experimental.
Lo que me movió a seguir adelante con el proyecto fue que al trabajar con los estudiantes he sentido cada vez más que la realidad del siglo XXI, demanda que integremos en nuestra enseñanza una metodología contemplativa que fomente una comprensión profunda y nuevas perspectivas. Nos encontramos en medio de una explosión de contenido, y es necesario que los estudiantes encuentren formas de comprender más profundamente esta gran cantidad de información, de separar lo que es importante para ellos y para sus comunidades, para crear un nuevo sentido de lo que se les presenta. Nuestra tarea es prepararlos para un mundo de rápidos cambios y un futuro lleno de incertidumbres. Los estudiantes en este nuevo milenio tendrán que ser capaces de pensar por sí mismos y tener capacidad de iniciativa, cambio, y auto-dirección. Se requerirán habilidades que no se pueden obtener por el contenido de aprendizaje por sí solo.

Necesitamos un cambio de paradigma en la educación. Las universidades necesitan ser fuente de soluciones creativas y de ciudadanos comprometidos. Deben ser centros de transformación, no sólo depósitos de información. Como E. F. Schumacher señaló, la educación sólo puede ayudar a evitar una catástrofe ecológica si se trata de una educación de un tipo diferente: una educación que nos lleva a la profundidad de las cosas. O en palabras de David Theo Goldberg, director del Centro de Investigaciones sobre las Humanidades, de la Universidad de California, la educación hoy “demanda nuevos modos de traducirnos a nosotros mismos, demanda modos de pensar creativos e intuitivos, iguales a los desafíos de ser un ser humano hoy, en todas sus–y nuestras–complejidades.”

Una de mis fuentes de inspiración en cómo lograr esto fue la psicóloga, de Harvard, Ellen Langer, que sugiere que en lugar de vernos como facultad dedicada a la enseñanza de contenidos disciplinarios, podemos llegar a estar más involucrados en asistir a los estudiantes en el aprendizaje para aprender, o lo que ella llama “Aprendizaje consciente”.

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En lo que me recordó mucho de la psicología budista, Langer recomienda:
* Enseñar condicionalmente
• Dejar claro que no hay hechos básicos, que todo depende del contexto, y el contexto es temporal ya que siempre estamos añadiendo a él o modificándolo.
* Enseñar relacionalmente
• Permitir que el estudiante tome la nueva información, la vincule con sus conocimientos previos, y luego la utilice de alguna manera nueva. Los estudiantes pueden explicar la nueva información en diferentes términos, manipularla para conseguir diferentes fines, y aplicarla a situaciones nuevas, distintas. Para que ocurra un aprendizaje sostenido y profundo, señala Langer, necesitamos pasar de la forma impersonal habitual de aprendizaje a un estado donde los estudiantes aprenden a poseer el material. Si queremos lograr eso, dice ella, es mejor para el cerebro averiguar el significado de la información en diferentes contextos y descubrir cómo leer esa información en formas novedosas.

Sus recomendaciones me dieron la idea de crear un curso que combinara diferentes campos de estudio, y utilizara prácticas contemplativas como métodos de investigación abierta. El curso sería un ejemplo concreto de aprendizaje corporizado y experiencial.
De mis conversaciones con Borges, sabía de su interés por el budismo y de su libro
“¿Qué es el Budismo?” que había escrito in 1976–cuando ya estaba ciego–con su amiga y miembro de la Academia Argentina de Letras, Alicia Jurado. Este aspecto poco conocido de la obra de Borges me permitió presentar el curso a nuestro Departamento. La conexión entre Borges y el budismo y entre el budismo y la ciencia cognitiva hizo posible un curso que exploraría los tres campos: arte, filosofía y ciencia, empleando una metodología que incluiría la auto-reflexión y la meditación.

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Borges con el grupo de la revista Sur: Silvina Ocampo, Boy Casares, Alicia Jurado y Enrique Pezzoni

Ciencia Cognitiva
Antes de crear el curso, había estado estudiando la ciencia cognitiva durante más de una década, por mi cuenta y en diálogo con amigos que son expertos en este campo. Yo estaba y estoy fascinada con las resonancias que existen entre la filosofía budista y los más recientes descubrimientos de la Neurobiología y la Ciencia Cognitiva sobre el papel de la experiencia en la formación del cerebro–y de todo el sistema nervioso–, y con la manera en que estos hallazgos pueden informar nuestra enseñanza y el aprendizaje en la actualidad.

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Fritjof Capra y Amelia Barili

Estoy particularmente interesada en la investigación integral que se lleva a cabo en el Mind-Life Institute a través de la colaboración del Dalai Lama con neurobiólogos y científicos de todo el mundo, y en especial con uno de los fundadores de la ciencia cognitiva, el neurobiólogo chileno Francisco Varela. Mi propia investigación sobre estos temas fue incentivada por mis diálogos con mi querido amigo, el físico y analista de sistemas, Fritjof Capra, con quien facilité un taller sobre “Ecología Profunda en las Artes y las Ciencias” y otro sobre “La conciencia emergente” aceca de los paralelismos y convergencias entre los hallazgos científicos más recientes sobre la naturaleza de la experiencia, y la enseñanza de las tradiciones espirituales de la India y China: así como sus posibles aplicaciones para la sostenibilidad y la transformación a nivel social e individual.
Por haber vivido y trabajado en cinco continentes, siempre he sido propensa a la reflexión interdisciplinaria y multicultural, pero después de mis conversaciones con Fritjof no podía dejar de pensar y estudiar más, acerca de las maneras en que campos aparentemente divorciados, como son la ciencia y la espiritualidad–y la academia y las prácticas contemplativas–podrían enriquecerse mutuamente. Con la ayuda de una beca del UC Berkeley Language Center, me dediqué a estudiar cómo podríamos aplicar estos recientes descubrimientos científicos a la forma en que enseñamos.
Descubrí que los principios fundamentales establecidos por los científicos cognitivos apuntaban a nuevas formas de enseñanza y aprendizaje.
1) La división mente / cuerpo es artificial. Descartes estaba equivocado. Cuerpo y mente no son dos reinos independientes y separados. La mente no es una “cosa pensante” (res cogitans) separada de la materia (res extensa). No les podemos llamar “fenómenos” tampoco. Como Humberto Maturana señala en su reciente libro “Los orígenes de la condición humana en la biología del amor”, incluso el uso de la palabra fenómenos es problemático e indicativo de una forma más antigua de pensar. En resumen, la mente no es una entidad sino un proceso que ocurre a través del cuerpo. Mente en este sentido es el proceso de la cognición que participa en el proceso de la vida.
2) La vida y la cognición están inseparablemente unidas. La cognición implica todo el proceso de la vida, incluyendo la percepción, la emoción y el comportamiento. Las interacciones de un organismo vivo con su entorno son interacciones cognitivas.
3) La cognición no es la representación de un mundo que existe independientemente sino más bien un continuo dar a luz un mundo–y a nosotros mismos–a través del proceso en sí, interactivo, de la vida. De acuerdo con la Teoría de la Cognición de Santiago desarrollada por los neurocientíficos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, “Vivir es conocer”.
4) La comunicación no es una transmisión de información, sino una coordinación del comportamiento entre los organismos vivos. El aprendizaje es una experiencia de auto-reflexión. Tanto el maestro como el estudiante son organismos cognitivos vivos en proceso de conocer.

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Durante mis estudios de hallazgos científicos de vanguardia sobre las formas en que aprendemos, me di cuenta que estos cuatro principios cognitivos se complementan con los siguientes principios en la neurobiología actual:
1) El principio de la neuroplasticidad. La experiencia cambia la función del cerebro en sí. Nuevas vías están siendo talladas continuamente entre los 100 mil millones de neuronas en el cerebro, y éstas pueden apoyar el aprendizaje continuo y enriquecer nuestra salud mental hasta bien entrados en nuestros noventa años. La forma en que pensamos y sentimos afecta nuestro cerebro y nuestra capacidad para pensar y sentir aún más. Por lo tanto, es evidente la importancia de configurar activamente la naturaleza de nuestras experiencias de manera que mantengan la mente activa y desarrollen hábitos de aprendizaje permanente. Este principio también está presente en la enseñanza budista de que nuestro futuro está abierto y que debemos cuidar de ser conscientes de nuestras acciones porque estamos creando activamente tendencias y hábitos; y que podemos cultivar nuestra capacidad para un mayor desarrollo. Por otra parte, el budismo no sólo reconoce que la experiencia da forma a la conciencia, sino que la conciencia influye a la experiencia en un círculo continuo.

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2) La coherencia reflexiva. La neuroplasticidad requiere sintonía interna. En la práctica esto significa sintonizar nuestra atención a nuestra intención. El aprendizaje óptimo ocurre cuando estas dos dimensiones están en sintonía. Esto no es sólo una alineación de dicotomías tradicionales tales como el corazón y el cerebro, la emoción y el intelecto, o el deseo y la razón, sino una resonancia total, real, de todas las funciones; lo cual demuestra que tenemos que entender este fenómeno como una serie de interacciones dinámicas de estas diferentes capacidades que se alimentan unas a las otras en patrones de resonancia. Esta resonancia, o la falta de ella, da forma a nuestras percepciones y a nuestra capacidad de comprender y aprender.
3) El conocimiento de Yo y el Otro. La sintonía interna que fomenta neuroplasticidad es mediada por los circuitos de resonancia sociales del cerebro, incluyendo el sistema de “neuronas espejo” (mirror neurons) y áreas relacionadas de la corteza prefrontal que permiten al yo observar y observarse. En otras palabras, los estudiantes aprenden mejor cuando el corazón y el cerebro no están en conflicto, sino que resuenan juntos, y cuando pueden conectar de manera significativa lo que están aprendiendo con su mundo interno y externo. El aprendizaje es de hecho una experiencia corporizada y social. Dicho de otro modo, el aprendizaje ocurre mejor cuando está implicado el corazón.

Los resultados de mi investigación con la beca del UC Berkeley Language fueron presentados en mi artículo “Aprender a Aprender: Neurobiología y Ciencia Cognitiva como base del aprendizaje autónomo. Principios y Aplicaciones “, publicado en 2008 en el Boletín del UC Berkeley Language Center.

Esta investigación abrió el camino para la creación del curso.

El enfoque integrador hacia el aprendizaje que descubrí y sobre el que reflexioné en ese año– y que responde a los principios básicos de la ciencia cognitiva y la neurobiología–me pareció muy budista. Decidí diseñar un curso basado en estos principios de la ciencia cognitiva y la neurobiología, que incluiría una metodología contemplativa, para que los estudiantes aprendieran experiencialmente, los principios y prácticas básicas del budismo; lo que a su vez les permitiría comprender mejor lo que Borges escribió en su libro “¿Qué es el Budismo?” y a lo que alude en algunos de sus poemas, ensayos autobiográficos y cuentos. Después de aprender los principios fundamentales del budismo y la ciencia cognitiva, exploraríamos cómo está presente el budismo en la perspectiva filosófica y existencial de Borges que influyó su pesamiento crítico y le permitió anticipar en sus historias, de una manera desconcertante, algunos de los más recientes hallazgos en las ciencias de la mente.

Así es cómo, durante una meditación, nació este curso, “Borges, budismo y ciencia cognitiva”
Puedes encontrar más información sobre la metodología del curso en mi artículo Borges, Buddhism and Cognitive Science. A New Approach to Applied Cognitive Science and Contemplative Studies Across Disciplines” publicado en Religion East and West. Journal of the Institute for World Religions No. 9, en octubre del 2009. y en la sección de Metodología de este website.

He seguido estudiando e investigando, y mis nuevos descubrimientos son la base de mis cursos “Each One Helps One: Neuroplasticity in Action” y “Meditation,Volunteering and Neuroplasticity” que enseño el UCB Osher Life Long Learning Institute. En estos cursos el aprendizaje experimental, la auto-indagación y prácticas contemplativas están integrados como metodología para estudiar la forma de cultivar la neuroplasticidad positiva a través de aprender sobre neuroplasticidad de los expertos en el tema, y a través de un componente de laboratorio de servir en ONGs que ayudan a los inmigrantes y refugiados con su dficil transición de hacer de Estados Unidos su hogar.

Para obtener más información sobre estos cursos, visita mi sitio web,

Muchos estudiantes y colegas me dicen que les gustaría tomar el curso “Borges, Budismo y Ciencia Cognitiva”, o al menos, poder ver los materiales que se estudian y discuten. Ahora, con la ayuda de una beca del Centro Para la Enseñanza y el Aprendizaje, de la Universidad de California, en Berkeley, hemos creado este sitio web (en español y en inglés) para compartir algunos de los materiales del curso, y mostrar el trabajo que hacen nuestro estudiantes. Un especial agradecimiento va a nuestro estudiante, Hector Silahua, por su dedicación y el buen trabajo que ha puesto en crear estos dos sitios web, en español y en inglés.  ¡Que lo disfrutes!

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